La Economía del Propósito ya no es una conversación “bonita” para la memoria anual.
En 2026 es un examen operativo: de estrategia, de gobernanza, de datos, de cultura y —sobre todo— de credibilidad.
Las empresas que lo entiendan pasarán de “tener propósito” a competir mejor: atraerán talento, reducirán riesgos, accederán a capital de forma más eficiente y construirán relaciones más sólidas con clientes, reguladores y sociedad.
Las que no, pagarán el precio del cinismo, la desconexión interna y la pérdida de relevancia.
Estos son, a nuestro juicio en ImpactCo, los 10 retos clave que marcarán la transición real hacia la Economía del Propósito en 2026.
1. Pasar del relato a la prueba: el fin del propósito “de marketing”
El primer reto es brutalmente simple: demostrar.
El mercado se ha vacunado contra los slogans. En 2026, propósito sin evidencias se interpreta como cosmética.
Qué implica de verdad:
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Objetivos concretos (no aspiracionales) y con plazos claros.
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Indicadores que midan resultados, no solo actividades.
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Trade-offs explícitos: ¿qué dejamos de hacer porque elegimos esto?
2. Convertir el propósito en estrategia (no en un “programa”)
Muchas compañías aún tratan el propósito como un “área” (RSC, ESG, Impacto), en lugar de como la lógica que guía las decisiones clave.
El reto real es alinear propósito y modelo de negocio:
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Portafolio: qué productos o servicios crecen y cuáles decrecen.
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Clientes: a quién servimos mejor y a quién no.
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Ventajas competitivas: cómo el impacto genera preferencia, margen o resiliencia.
3. Gobernanza: cuando el Consejo se juega su credibilidad
La Economía del Propósito exige que el Consejo y el Comité de Dirección pongan el cuerpo.
Si no hay implicación arriba, el propósito se convierte en un póster.
Preguntas incómodas que deben entrar en agenda:
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¿Quién “posee” el propósito en el Consejo y cómo rinde cuentas?
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¿Cómo se integra en riesgos, auditoría, remuneración y asignación de capital?
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¿Qué decisiones recientes prueban que esto manda?
4. Medición seria: del KPI bonito al dato auditable
En 2026 la presión por trazabilidad y comparabilidad aumenta. Y con razón.
Medir impacto no es elegir indicadores: es construir un sistema.
Retos habituales:
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Falta de líneas base y contrafactual (¿qué habría pasado sin nosotros?).
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Confundir output (lo que hacemos) con outcome (lo que cambia).
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Datos dispersos, no gobernados o no verificables.
5. Doble materialidad práctica: conectar impacto con caja
El gran salto cultural es dejar de tratar el impacto como “coste” y empezar a gestionarlo como creación y protección de valor.
Reto 2026: aterrizarlo en decisiones financieras reales:
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CapEx y OpEx: priorizar inversiones con lógica de impacto y retorno.
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Pricing y diseño: productos que reduzcan externalidades y creen valor social.
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Riesgo: impactos negativos como pasivos futuros (regulatorios, reputacionales u operativos).
6. Cadena de valor: el propósito no se subcontrata
La mayoría de los impactos no están en la oficina, sino en la cadena de valor: proveedores, logística, materias primas, uso y fin de vida del producto.
El reto es pasar del “código de conducta” a una transformación con músculo:
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Segmentación de proveedores por riesgo e impacto.
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Incentivos y acompañamiento, no solo exigencia.
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Transparencia y mejora continua real.
7. Talento y cultura: el propósito como sistema inmunitario
En 2026 habrá fatiga: de cambios, de reporting, de “nuevas prioridades”.
Sin cultura, el propósito se convierte en burocracia.
El reto es diseñar cultura de propósito:
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Liderazgo coherente, visible en lo cotidiano.
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Formación para mandos intermedios (donde se gana o se pierde).
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Reconocimiento e incentivos alineados: lo que se premia, se repite.
8. Innovación con propósito: evitar el “teatro del piloto”
Mucho piloto, poca escala.
El verdadero reto es industrializar: convertir la innovación responsable en crecimiento.
Qué diferencia a quienes escalan:
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Roadmaps con unidades de negocio, no solo con “labs”.
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Métricas de adopción, rentabilidad e impacto.
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Alianzas con startups, universidades y ONGs, con gobernanza clara.
9. Confianza: comunicar sin greenwashing (ni silencio)
Dos errores frecuentes:
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Exagerar… y exponerse.
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Callar por miedo… y perder valor.
El reto es una comunicación honesta y madura:
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Mostrar progreso y límites: “esto sí, esto aún no”.
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Evidencia verificable.
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Narrativas centradas en cambios reales, no en campañas.
10. Liderar en un mundo polarizado: propósito sin dogma
La Economía del Propósito no puede convertirse en una religión corporativa ni en una postura moralista.
Cuando se percibe así, se rompe la coalición interna y externa.
El reto de liderazgo es construir consensos prácticos:
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Lenguaje de negocio y lenguaje humano.
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Escucha activa a los stakeholders, sin postureo.
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Decisiones firmes, bien explicadas.
Conclusión: 2026, el año de la madurez (o de la caída del mito)
El propósito no es un claim; es una disciplina.
Y en 2026 la disciplina gana.
La empresa que mide, decide y opera con propósito construye resiliencia, preferencia y legitimidad.
La que solo lo declara, se queda sin relato y sin confianza.
En ImpactCo lo resumimos así:
la Economía del Propósito no va de parecer mejores, sino de ser más útiles, más coherentes y más competitivos en un mundo que ya no perdona la incoherencia.