Pero en toda esta transformación, irónicamente heredada de la predecesora revolución industrial, nos enfrentamos a un reto social y medioambiental, sin precedentes, que pone en jaque la propia subsistencia del ser humano. El calentamiento del planeta unido a la creciente desigualdad sociales un cocktail molotov, que esta desestabilizando el progreso de la humanidad.
La clase científica e innovadora, se las creía muy felices a principios del S.XXI frente a la inminente revolución tecnológica, especialmente frente a las tecnologías disruptivas como el IA(inteligencia artificial), el 3Dprint,nano/bio tecnología o la robótica, entre muchos…soñando que podría facilitar la vida de las personas, dando igualdad de oportunidades, a la vez que solucionar gran parte de los problemas medioambientales. Pero la realidad es que este “gran dorado” ha caído en manos de una clase mal denominada empresarial, que lo utiliza para enriquecerse a costa de los demás, sin importar el impacto social o medioambiental que esta tecnología, mal utilizada puede generar. Así que en vez de ver como ayudamos a progresar a casi el 70% de la población mundial, que no tiene un acceso digno a una educación y sanidad básicas, se han dedicado a “abducir” al otro 30% del mundo en sistemas y servicios muy adictivos digitales (desde RRSS a juegos on line…) y una substitución masiva de puestos de trabajos para ganar más márgenes, aun si cabe.
Por suerte hay un tipo de inteligencia que está emergiendo, la Inteligencia Abuela, (IA) que la he bautizado así para contrastar con la actual Inteligencia Artificial, que está realmente sensibilizada con que tipo de mundo dejaremos a nuestros hijos. Son una clase empresarial con ALMA, líderes senior que están redefiniendo su éxito empresarial, y poniendo al mismo nivel el impacto social y medioambiental y el rendimiento económico.
Un nuevo movimiento empresarial, de una economía del propósito, que utiliza las nuevas tecnologías, como un motor de bienestar social, no como una fuente egoísta de engordar los beneficios a costa de las personas o el planeta.
Como ejemplo, mientras muchos empresarios de la restauración, están obsesionados en cómo robotizar sus procesos y abaratar los costes, para maximizar los beneficios, hay ejemplos maravillosos de empresarios con alma:
- Unos que deciden emplear a “abuelas” como cocineras de sus restaurantes, para dar una salida profesional a un colectivo que sufre de soledad y bajas pensiones, a la vez que ofrecen una comida casera, sin duda una empresa de impacto social.
- Otro empresario del sector lácteos, que decide tener al 100% de su plantilla con discapacitados, para darles una profesión a un colectivo tan vulnerable.
Hay cada vez más empresarios IAb, que luchan por la justicia social, y ponen al servicio de la humanidad su talento y sus empresas. Espero que esta nueva IAb, gane a la IA tecnológica, sino lo lamentaremos durante siglos.
“empezamos a envejecer, cuando dejamos de aprender” – proverbio japonés
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