FORO DAVOS 2026
El encuentro anual del World Economic Forum volvió a reunir en Davos a líderes políticos, CEOs y grandes inversores en un contexto marcado por tres tensiones claras: desaceleración económica, una crisis climática cada vez más visible y un desorden geopolítico que ya no es coyuntural, sino estructural.
¿Resultados reales? El balance es mixto. Hubo consenso en el diagnóstico, pero escasa concreción en compromisos vinculantes.
Lo que sí quedó claro
La transición energética ya no se discute en términos de “si”, sino de velocidad y coste político. Aun así, muchos gobiernos siguen protegiendo intereses fósiles a corto plazo, retrasando decisiones clave.
La inteligencia artificial y la tecnología dominaron la agenda, con un fuerte foco en productividad y competitividad. Sin embargo, la atención a sus impactos sociales y laborales fue claramente insuficiente.
El capitalismo más inclusivo sigue presente en el discurso, pero continúa sin métricas compartidas ni mecanismos reales de rendición de cuentas.
Lo que decepciona
La ambición en justicia social y reducción de desigualdades fue limitada. Mucha retórica, pocos compromisos medibles y verificables.
La voz del Sur Global tuvo escaso peso real en la toma de decisiones, pese a ser la región más expuesta a los efectos del cambio climático y la inestabilidad económica.
Muchas de las alianzas público-privadas anunciadas carecen de plazos concretos y de una financiación claramente definida, lo que debilita su credibilidad.
Lectura crítica
Davos sigue siendo un excelente termómetro del poder global, pero cada vez menos un motor de cambio sistémico. Mientras no se pase del storytelling al accountability —objetivos claros, datos comparables y consecuencias por no cumplir— el foro corre el riesgo de perder relevancia moral, aunque conserve influencia.
Conclusión
Davos 2026 confirma que el mundo sabe qué hay que cambiar. El problema ya no es el conocimiento, sino el coraje. Y ese, de momento, no cotiza en bolsa.